"La sonámbula, recuerdos del futuro"
(Argentina, 1998) Director: Fernando Spiner

Sutiles conexiones
Claro que también me gusta la idea de esas historias que están
como fuera del tiempo y que empiezan cada vez uno quiere.
(Ricardo Piglia, entrevista Página 12)
En esta distopía argenta, la Ciudad del futuro es otra: sitiada, diferente, caótica, polarizada. Pero la Historia tiende círculos concéntricos que se parecen entre sí y recuerdan acontecimientos históricos ya vividos –recordados y acaso también olvidados–. Ricardo Piglia y Fernando Spiner (autores del guión), instalan en este film (que tiende lazos con el thriller psicológico, con el policial duro y sobre todo con la ciencia ficción) un Estado omnipresente, perseguidor, totalitario. Las pintadas en los muros de la calle hablan de un tal Gauna, personaje que adquiere pronto el aura de prócer clandestino, de mito y de símbolo, situación que sirve para sostener la trama y sus variaciones más que interesantes (y que incluyen locaciones de la provincia de Buenos Aires que asemejan ser sacadas de un sueño). Si bien es cierto que las actuaciones podrían ser mejores (sobre todo la de Alejandro Urdapilleta y Sofía Viruboff, que deslucen un poco el resultado final) hay buenos desempeños de Eusebio Poncela, el gran Norman Briski y un joven Gastón Pauls, líder subversivo. Dicho lo cual, resulta imprescindible aclarar que la obra en su conjunto es muy destacable. Sobre todo, teniendo en cuenta la época y los recursos disponibles (dato no menor, por supuesto). Una última recomendación extra: leer previamente “La ciudad ausente” (1992) del mencionado Piglia, puede ser un gran ejercicio para quienes gustan del arte de las conexiones sutiles (ese imbricado conjunto de resonancias que suele ser la vida y la obra de un escritor).
"Que nadie duerma" JUAN JOSÉ MILLÁS

Acerca de la mujer pájaro
Odié esta novela y odié a Millás. La obsesión del
escritor, se me ocurre, es siempre ser otro: un poco más culto, un poco más
organizado, un poco más inteligente o más libre, lo que sea, no importa qué. Se
trata, por supuesto, de una extraña forma de concupiscencia absolutamente liberadora
que solo parece lograrse fortuitamente, sin que sepa uno bien cómo.
Odié
esta novela y odié a Millás, dije. Y eso es porque me queda la sensación de que
el maldito, lo hizo de nuevo. Porque esta novela resulta real y no realista,
que es a lo que apunta siempre el gran español. Y funciona, claro. Todo aquel
que se haya cruzado con una mujer pájaro alguna vez en su vida, lo entenderá al
instante. Lo sé porque debo el conocimiento de Millás a una de ellas. Y puedo
decir, humildemente, que la mujer pájaro es aquella que piensa estar en una
ciudad mientras vive en otra muy distinta. Es aquella que piensa en tatuarse
una extraña frase en el monte de Venus; es la que no alcanza a distinguir si un
recuerdo extraño es eso mismo o fruto de su propia invención; es aquella que
llora sobre el bidé escuchando una ópera de Puccini; es la que sabe esconder
sus alas y el resto de sus atributos de pájaro bajo un maquillaje bastante
eficaz pero que no dudará ni medio segundo en arrancarte las vísceras y comerte
el hígado, antes de marcharse por la ventana del departamento, de una vez y para
siempre.
Como
sea, odié esta novela y odié a Millás, porque es tan real que duele un poco,
sin ser realista. Aunque la mayoría de la gente confunde una cosa con otra,
claro. Y no sé Uds. lectores, pero yo las prefiero así. Mujeres pájaro que no
distinguen Madrid de Pekín, que se hacen taxistas por amor y que regalan un
instante de vida a un moribundo canceroso.
La
nariz ganchuda, por supuesto, es un atributo del cual algunas eligen
prescindir. Y ni falta que les hace, la verdad.
"Paterson" (película) Jim Jarmusch

Excepto la poesía, nada más sucede
Paterson es una ciudad en New Jersey. El personaje principal, un chofer de colectivo que escribe poemas antes de iniciar su recorrido y en una pequeña habitación en el sótano, se llama de la misma manera. Ésta y otras coincidencias del mismo estilo se van desarrollando durante las casi dos horas que dura el film. Sí, como lo oye, casi dos horas de un chofer de colectivo que se llama como la ciudad donde vive y que no termina nunca de ir a ningún lado.
Ahora bien, la película muestra una semana en la sosa y rutinaria vida de Paterson (Adam Driver) junto a su bella mujer Laura (Golshifteh Farahani) y el perro Marvin. El caso es que no hay sexo, ni pasión, ni emociones intensas. No hay suspenso ni tragedia alguna. Excepto la poesía, (que es verdaderamente buena, hay que reconocerlo) nada más sucede, o al menos, digno de mencionar. Presentada como una comedia dramática, que de comedia tiene muy poco y de drama, un poco menos todavía. Los personajes resultan insulsos, como esas galletitas finas que los mozos de algunos restoranes baratos te suelen traer antes del plato con la bebida, como una simple obligación. La gran excepción son las intervenciones del perro: un simpático bulldog inglés que resulta la estrella del film, sin lugar a dudas.
Y es que durante la mayor parte de la trama hay un cierto aire de tensión que termina diluyéndose sin ningún momento cúlmine. El resultado: un extraño y anodino homenaje a los personajes del lugar, al poeta William Carlos Williams, al amor un poco estancado y al cotidiano origen de todos los poemas del mundo.
Entiéndase, la producción es bastante buena y hay algunos
planos paisajísticos debajo del puente que bien vale destacar, pero no mucho
más. Quizás, se me ocurre, la poesía no necesita en absoluto de este tipo de
películas. Porque como queda claro, excepto la poesía, nada más sucede.
"Perdidas en la noche" Fabián Martínez Siccardi

Somos lo que interpretamos
Arte callejero y extranjerismo. Simposios internacionales y vagabundos durmiendo bajo las vías. Doctores y alienados. Artistas y vándalos. La extraña relación que une a padres e hijos. Luciano y Rose. Willow y la Viuda. Los personajes de esta novela son muchos. Pero esta abundancia no sólo no daña, sino que enriquece la trama que propone Fabián Martínez Siccardi en “Perdidas en la noche”.
Un Buenos Aires a veces mágico, a veces marginal (la ciudad de las mil lenguas) y Blackstone, un pueblo estadounidense, conforman el escenario ideal para esta historia de tensión dramática, de ficción oscura y por ello mismo, conmovedora.
La prosa de Fabián es seca y ágil. Quizás un poco más “suelta” que la de “Bestias afuera”. Tal como si hubiera sido concebida en otro idioma y recién después, traducida, interpretada. Al leerlo, recordé a Capote, a Raymond Chandler. Desde las primeras líneas atrapa y no libera, no decae. Ojalá algún productor se anime a llevarla a la pantalla grande. Quizás se trate de lo que le está faltando al cine argentino actual: historias complejas, pulidas y con un elemento de sordidez y de movimiento bien sincronizados.
"Desde la sombra" Juan José Millás

La sombra más cercana
“Eso era el poder, la capacidad de actuar desde la sombra.”
¿Qué es una biblioteca sino una habitación llena de
fantasmas?
Con poco esfuerzo uno podría evocar las presencias (y las ausencias) que cada ejemplar
guardado puede traernos a la memoria. Estarán los que escojan la trama de la historia
en cuestión, al lugar donde fue comprado; o los que prefieran recordar el tiempo
en que fue leído, a la persona que se los regaló. En fin, las innumerables
representaciones aguardan allí, siempre al alcance de la mano pero también un
poco distantes, accesibles solo para el que guste de apuestas sin retruécano
posible. Como podemos suponer, son siempre las de este tipo.
¿Qué otra cosa es un escritor sino alguien que se cuenta una historia a sí mismo a través de la voz de otro? El gran observador por naturaleza, el espía silencioso, mordaz, el gran facultado en el proceso de despersonalización. Y que, como el experimentado Millás, en aras de facilitar la fluidez recurre a la inventiva de un talk show televisivo, de un armario que es casa y centro del universo a la vez. Y si como dice la página 106: “Todas las personas inteligentes tienen algo fantasmal”, Millás asciende al primer anaquel de la biblioteca, quizás el más fantasmal de todos, como ya dijimos. El de las sombras más cercanas.
"Si una noche de invierno, un viajero" Italo Calvino

Terminar es solo empezar
Enigmática y profunda, "Si una noche de invierno, un viajero" es la gran novela cuyos protagonistas principales son el Lector y la Lectora. Los secundarios, imposibles de nombrar en tan pocas líneas. Calvino es entonces, el Gran Lector que escribe para infinidad de pequeños lectores diseminados en distinto tiempo y espacio.
O bien, también podría decirse que la trama recarga las tintas en la inevitabilidad de los finales inesperados y los recomienzos cíclicos. O bien, en el acto profundamente gozoso de leer. O bien, en las conspiraciones ligadas al mundo de las grandes editoriales, de los grandes escritores, de los grandes amores truncos.
Nada de lo que dije antes se contradice o se anula entre sí. Incluso, me animaría a decir que todas las variables pueden tenerse por seguras y se ajustarán al texto en cuestión. Es posible que esto suene como si esta obra contuviera muchas otras en su interior. Porque eso es justamente lo que ocurre con “Si una noche…”. Para ello, Calvino se valió de múltiples registros, tensiones y ambientes. Nos lleva, con gran oficio, a caer de bruces en cada una de las trampas trabajadas a la perfección. Trampas que, como podrán adivinar, terminan siempre en el mismo sitio: una nueva e inevitable lectura. Pocos libros me parecen tan fantásticos, tan irremediablemente geniales, tan complejos y polimorfos como éste.
Haber encontrado esta pequeña gran obra caminando una tarde de invierno por San Telmo, se me ocurre un prodigio sin nombre. Un acto de hechicería o mistificación. Y sobre todo, difícil de reproducir. Como si se tratara de un ejemplar apócrifo de algún libro de Italo Calvino que pudo alguna vez, haberse llamado así. Un libro que solo empieza una vez que se lo termina.
"Cinco esquinas" Mario Vargas Llosa

Lo sabemos pero lo hacemos
A veces tengo sueños estúpidos. Anoche por ejemplo, soñé que unos amigos cenaban en casa. Entre ellos se encontraba, nada más y nada menos que el propio Fujimori. Mientras el tema obligado en la mesa era la política, me sentía como un infiltrado guardando un terrible secreto. Algo me carcomía y sabía bien que era la novela que acababa de terminar. Al fin, aprovecho un pequeño hueco en la conversación para preguntarle a Alberto si había leído a Vargas Llosa. Claro, ese cabrón escribe bien cuando quiere. Pero no sé de sus últimas pendejadas, me contestó. Me quedé atónito y le dije que debía leer “Cinco esquinas”. Me preguntó porque tendría que hacer tal cosa. No supe que responderle. O no me animé, creo. Después de un rato y olvidado el asunto, Mario también se suma a la mesa, se saludan y se estrechan las manos, como viejos amigos. O viejos enemigos, que es casi lo mismo. Allí terminó mi sueño.
Ahora que intento reseñar la novela, me veo obligado a volver al sueño: ¿debería haberle dicho que el libro suena a revancha personal? La elección presidencial que los enfrentó fue allá por los noventa. Y según parece, Vargas Llosa aún se lamenta de haberse mezclado en política.
Pensándolo bien, quizás sea una revancha, sí. Pero todas las revanchas deberían ser así: historias truculentas llenas de morbo, sexo y corrupción. Pintura cabal del periodismo sucio y los entretelones del poder.
"Más allá del olvido" Patrick Modiano
El olvido fragmentado
“Cada vez que fragmentos enteros de mi vida caían convertidos en polvo,
experimentaba una agradable sensación de levedad.”
Él es escritor pero aún no lo sabe. Apenas un joven sobreviviendo con la venta de algún libro en el invierno de París. Ella es una mujer fatal, pero también lo ignora. Apenas una muchacha que fuma demasiado, vive en un hotel con un hombre extraño, aspira éter y se abriga poco.
La voz del protagonista es precisa, tanto como la obsesión que lo devuelve a un amor perdido hace treinta años. El paso del tiempo se mide en realidades paralelas. Modiano desnuda en esta novela breve, la triste esperanza que esconden los fantasmas del pasado. Con el atrevimiento, el erotismo y la magia parisina flotando siempre alrededor.
Según Enrique Vila-Matas, Modiano siempre escribe el mismo libro. Cada lector en el mundo sabrá ubicarlo más allá del olvido o algo más acá de la memoria.

"Número Cero" Umberto Eco

El oficio de los perdedores
¿Cómo contar el trasfondo a veces siniestro, a veces noble, de los medios de prensa? ¿Cómo mofarse de las grandes conspiraciones políticas y religiosas de la historia? ¿Cómo reivindicar el fracaso y alzarlo como estandarte supremo, vincular? Simple: con una novela de Umberto Eco.
Colonna, el protagonista, es un cincuentón acostumbrado a llevar las de perder. No se lo piensa dos veces cuando le proponen formar parte de un diario ficticio. Es el riesgo quien lo salva cuando las cosas se ponen feas y una vuelta de tuerca del destino pone su vida en peligro. El mismo que también asume forma de mujer: la joven Maia, otra perdedora con ganas de pegar un salto. Imprescindible para acomodar en la biblioteca junto a El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault, Baudolino y El cementerio de Praga.
"El Palacio de la Luna" Paul Auster
La soledad es un fantasma pegajoso
Auster no necesita ser reseñado: lo ha sido siempre y lo será. Buscar motivos para recomendar su lectura es, entonces, tarea absurda y bastante inútil. Pensemos más bien, en lo contrario. Uno de los motivos para no hacerlo es el siguiente: si escribís, es casi imposible que no te sientas microscópicamente disminuido. La increíble madeja que va formándose con giros inesperados, con brotes azarosos y lenguaje sumamente claro, resulta impensable de recrear, de conseguir. Hablamos de una complicación que pese a todo, no parece tal.
Marco Stanley Fogg es un estudiante huérfano. Más pronto que tarde, su tío y único sostén, también muere. La soledad es un fantasma pegajoso. Convertido en vagabundo, durmiendo en la calle, rozando la locura y casi al borde de la muerte, es rescatado por su amigo y la maravillosa Kitty. Apoyado en la casualidad (columna vertebral de casi toda la obra de Auster) aparece Effing, con una historia interesante pero poco creíble, llena de baches y excentricidades. Muy de a poco, se hace presente otro de los “temas” del estadounidense: la identidad. Así entonces, Marco comparte los últimos días de este viejo decrépito y extravagante. En un laberinto de espejos donde el hijo es padre y el padre hijo. Acá no nos podemos olvidar de “La invención de la soledad” otro hito de la obra Austeriana. En esa confrontación de ausencias y redención con un pie en la tumba, Effing confiesa tener un hijo, al que no conoce y llamado Barber. Que a la vez, también tiene un hijo que no conoce. El final llega pronto para todos, bajo la mirada de la Luna que se mece como un cuerno de plata en el umbral del tiempo. Marco se aferra a ella.

"Amor invertido" Saccomanno/García Lao

El deseo es una pandemia
El otro es uno. Una pareja de amantes fugitivos. Separados. Y cada uno llevando el corazón del otro. El deseo es una pandemia, podría pensar Ferretti. Untemos de vaselina ese crucifijo y lubriquemos nuestras partes. Que este libro nos coge a todos. Por sorpresa. Y uno es el otro. Por determinación de romper, de incomodar con ese lenguaje libidinoso y criminal. Queda muy claro que la dupla Saccomanno/García Lao funciona como una máquina bien aceitada. Poderosa e informal. Lectura recomendada para descajetarte en un invierno frío. No apto (y por eso mismo mucho más celebrado) para bibliotecarias de salón con aliento a formol y rigidez cadavérica. Este libro va a escapar de anaqueles de museo. Porque está vivo y dará coces al aire. Como la mujer/burra que es Suzanne. Y seguiremos hablando de él mucho tiempo. Que así sea.
"Electronica" Enzo Maqueira
La historia se hace con golpes bajos
Electrónica es un golpe bajo. Al cinismo, a la odisea virtual, al consumo, al cráneo partido de las relaciones fallidas, al tabú sexista, a la idiosincrasia. Electrónica es actual y por lo tanto, un poco espeluznante. Sobre todo porque nos deja ver ahí dentro. Nos trasluce y nos deforma (o nos muestra cómo realmente somos).
Electrónica es una historia de excesos, sí. Y también acerca del amor, de Radiohead, del dolor, de cerveza en frascos de mermelada, de la aceptación y del placer.
Electrónica es un flash. Y como sucede con la mayoría de
los flashes, la impresión que dejan es duradera.

"Fuera de la jaula" Fernanda García Lao

Terminando el año me encuentro con una novela alucinante, escabrosa y satírica. La dualidad, el bicéfalo, la ausencia y el más allá de las relaciones familiares disfuncionales. Me acordé de Bioy y La invención de Morel, pero con un componente sexual mucho más desarrollado y sórdido. Sin duda, de lo mejor que he leído en este 2014. Casi podría decirse que la devoré. Me resultó magníficamente concebida.Se me ocurren miles de razones para recomendar esta obra, pero no quiero aburrir. Autora madura y de gran experiencia, corro a por sus anteriores.
"Todas las mañanas un muerto" Maumy Gonzalez

Entre el ruido propio del bar y los que nos llegan desde la calle en reparación, Maumy me cuenta que su nombre significa corazón en coreano. Que es ingeniera. La mayor de tres hermanas. Y que de pequeña, sus lecturas incluían la revista Cosmopolitan, Stephen King, Reader's Digest y hasta el propio Edgar Allan Poe.
Este último dato debió de haberme prevenido un poco. Pero la verdad es que jamás imaginé lo que se agazapaba tras la tapa de “Todas las mañanas un muerto”.
En ocho cuentos comprimidos, depurados, minuciosamente elaborados y con mucha “carne” (tal cual lo llama Maumy), la autora nos pasea por tópicos siempre vigentes y bastante conmovedores. Relaciones disfuncionales, violencia de género, maternidades deseadas y no, apariciones inquietantes y creencias populares. Todo ello con un gran trasfondo de inquietud, de sutilezas varias. Un paseo sin grietas, sin fisuras.
Brevedad es la premisa que engloba este libro. A modo de prólogo, solo hay una pequeña cita del libro “Cartero” de Charles Bukowski. La misma preludia el cuadro fantástico y aterrador que forman estas historias. Y de alguna manera, anticipa la fluidez y la fuerza que desprenden. No exagero si digo que hay fragmentos que suenan como un verdadero uppercut a los sentidos.
Lo ventajoso: a uno le queda gusto a poco. No queda más que esperar lo que vendrá de esta voz joven, pero con oficio. Altamente recomendable.
"La primera piedra" Adrian Argento
Se me ocurre que Argento bien podría ser un gran discípulo del propio Lacan (1901-1981) cuando dice que el deseo nunca se satisface del todo. Porque a decir verdad, se mete con algunos temas bastante heavys: lo real, lo imaginario y hasta, lo simbólico. Trazando progresivamente un nudo borromeo de perfectísima exactitud. Donde venganza, culpa y deseo forman las aristas que conviven en perfecta armonía (algo aquí me recuerda a las trillizas Legrand en “Las piadosas” de Andahazi).
Al sumergirnos en “La primera piedra” tenemos la impresión de que Santiago (personaje principal de la historia) está buscando algún cómplice entre nosotros. Y escribe para entenderse, para comprender la existencia tal y cual la conoce después de un hecho determinado y determinante. Casi siempre, de noche y mientras bebe alguna copa de vino. También podría decirse que acude desesperado a Thanatos, intentando restablecer el orden anterior de las cosas, la paz y la tranquilidad que ya no posee, volviendo un poco a lo lacaniano.
Hay un eje central en la trama que no podemos obviar: la satisfacción del deseo y sus consecuencias. ¿Quién es quién para juzgar al otro? ¿Cuál es el límite para las situaciones que se escapan de los mismos límites prefijados?
Nadie puede asegurar de que es capaz un hombre que ha sido empujado al abismo. Para averiguarlo basta con alcanzar la página 177 de este libro. Voy a ser sincero: no es cosa difícil de lograr. El lenguaje es de lo más accesible, la prosa precisa y las imágenes y escenarios perfectamente logrados. Una lectura ideal para acompañar una noche de copas.
"La pregunta de mi madre" Luis Mey
Leí en una entrevista que Luis Mey dijo algo como: "ser un escritor joven es estar cansado de todo antes de tiempo". Inmediatamente lo relacioné con las palabras de otro "escritor joven" más cercano en afecto y coincidencias, y que en pocas líneas, redujo la anécdota a la sentencia de su analista. Que, utilizando un tono afectuoso pero con una mirada dura, le dijo: "Ud. está atravesado por el lenguaje".
Ahora bien, a mí me suena bastante parecido a una neurosis, y lógicamente comparto muchos puntos en común con ambos enunciados. Si no lo creen, mirénme ahora intentando reseñar lo irreseñado/irreseñable (según su propio autor) un domingo a las 09 am, con el aliciente de una temperatura exterior que debe estar rondando los -7° y con noticias futbolísticas acechando las 24 hrs.
"La pregunta de mi madre" me lleva directamente a otra pregunta, a mí entender mucho más interesante: ¿cómo se cura el cansancio totalizador? y luego ¿cómo se aleja uno de la vara faraónica del lenguaje? La respuesta para las dos preguntas es una y la misma: escribiendo desde la carne, corporizando el habla. En otras palabras, "haciendo" literatura.
Y eso es justo lo que hace muy bien Luis Mey. Que a propósito, tiene el mejor de los trabajos posibles fuera de el de escribir: es librero.
Entonces la neurosis se desviste, rasgando las vestiduras, y lo absolutiza. Llegan personas al local, atestado de ejemplares, y preguntan por el libro que ganó el premio de la revista Ñ. Entonces Luis señala con indiferencia sobre la mesa de novedades. Más de un comprador sonríe ante el parecido de ese vendedor con la cara de la solapa izquierda del libro, con esa camisa celeste y el pelo escaso pero bien revuelto.
En la novela, Matías, un adolescente algo perdido (si es que eso no es retórica pura), va en busca de Carolina. O lo que es lo mismo: la suma y la sublimación de todos sus deseos. Como mi amigo analizado va en busca de su estabilidad. Y como yo voy en busca del calor que me acompaña esta mañana con un café y una muy buena trama con personajes sólidamente humanos.
Y como todos vamos en busca de la verdad. O de la mentira que más nos convenga. Porque nadie soporta tantas dosis de realidad. Por eso los seres humanos leemos y escribimos novelas como ésta. Y justamente allí, la neurosis es llamada pasión, entrega, dedicación y muchos otros nombres más.
Y entonces, todo vale la pena. Todo. Sulfa y ataúd. Peine y su madre. Que asegura que todos terminamos pobres, perseguidos y muertos.

Gracias por pasar!
Si te gustó, podés compartirlo en Facebook, Twitter. etc.